El trabajo flexible
El trabajo flexible
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Los países desarrollados registran una explosión de contratos laborales que permiten una dedicación flexible. A menudo se presenta este fenómeno como la aurora de un mundo nuevo, en que cada cual tendrá un trabajo a su medida y así podrá integrar la actividad productiva y sus demás deberes y deseos. Pero estos tiempos son también de paro recalcitrante. La economía parece incapaz de dar empleo a todos, y se empieza a pensar que no hay más remedio que repartirlo. Cabe preguntarse, pues, si la tendencia al trabajo flexible no es un intento de hacer de la necesidad virtud.
Lo que en primer lugar se plantea es si la desaparición de empleos es consecuencia inevitable del progreso técnico, que reduce la necesidad de mano de obra. Examinando el telón laboral de fondo, el economista francés Jean Hervé Lorenzi pensaba, hace una década, que nos encontramos a mitad de camino de la cuarta revolución industrial, la de los sistemas de la información. Al igual que en las tres revoluciones sucedidas desde finales del siglo XVIII, las nuevas tecnologías empezaron destruyendo puestos de trabajo.
Pero si la historia se repite, cuando concluya la revolución se habrán creado más empleos, nuevos e imprevisibles al principio. Hasta entonces nos toca atravesar la fase intermedia, en que se modifican algunas variables laborales: cambia la duración de los horarios, fluctúa la composición de la mano de obra y su volumen, las mujeres y las personas mayores entran o salen de la población activa... En una etapa de especial movilidad resulta necesario llegar a un acuerdo entre los protagonistas -trabajadores, empresarios, sindicatos, gobiernos, etc.- sobre las condiciones laborales de los próximos años.
Antonio García-Berbel Mudarra

