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31 Mayo 2007

entrevista al párroco de Mendavia, Domingo Urtasun, amenazado por ETA.

entrevista a Domingo Urtasun

tomado de librepensador

Entrevista de hace tres años a este Señor, que por lo visto estuvo 29 años de misionero en Nicaragua y apoyó su lucha contra la tiranía somozista:

«Ningún gobierno ha enrumbado a Nicaragua hacia el progreso»
Diario de Navarra, junio de 2004

ENTREVISTA CON DOMINGO URTASUN MARTÍNEZ PÀRROCO DE MENDAVIA Y EXMISIONERO EN NICARAGUA

Ha escrito el libro «Nicaragua, memorias de un misionero», en el que relata su experiencia en el país centroamericano durante 23 años, incluido el sandinismo.

Ayer presentó en Pamplona su libro «Nicaragua, memorias de un misionero». Domingo Urtasun Martínez, nacido en Arboniés hace 59 años, estudió con los Agustinos y en 1972 fue ordenado presbítero. Entre 1974 y 1997 trabajó en Nicaragua. Hoy es el párroco de Mendavia.

-¿Por qué a Nicaragua?

-Al terminar los estudios sacerdotales y como yo quería estudiar Periodismo, mis superiores pensaron en Panamá. Estando allí aconteció el terremoto de Managua, en la Navidad de 1972. Por eso fui destinado a Nicaragua en febrero de 1974. El seísmo destruyó la cuarta parte de las viviendas y causó 20.000 muertos. Era una ciudad fantasmal.

-Se topó además con represión.

-Me encontré con una sociedad en la extrema pobreza y con más de 40 años de dictadura somocista. Había una violencia institucionalizada. Los jóvenes eran perseguidos por la guardia de Somoza, como posibles guerrilleros. El frente sandinista ya se movía en la clandestinidad.

-¿Cómo son los nicaragüenses?

-Me llamó la atención la amabilidad, la sencillez y el carácter festivo y alegre de la gente, a pesar de las muchas dificultades que este pueblo ha vivido.

-¿Cuál era su misión allí?

-Tenía a mi cargo la labor pastoral en tres parroquias de Managua, con 15.000 habitantes.

-Cuenta en el libro cómo la Iglesia nicaragüense se enfrenta a la dictadura de Somoza y toma partido por el sandinismo.

-Llegué a Nicaragua recién pasado el Concilio Vaticano II, que dio a la Iglesia una orientación más cercana al pueblo. Esto me involucró en la lucha por una sociedad más justa y libre, erradicando el somocismo. Fruto del espíritu conciliar, la Iglesia tomó partido por la liberación del pueblo, orientada por el cardenal Miguel Obando y llegando a justificar la insurrección armada.

-Quizá a la gente le cueste entender esa postura hoy.

-La doctrina de Santo Tomás justifica esta postura cuando se da una tiranía permanente, están agotadas todas las posibilidades de cambio por vías cívicas y se prevé que los resultados van a ser esperanzadores.

-¿Cómo vivió en 1979 la insurrección sandinista?

-La revolución, en la que participó el 90% de los nicaragüenses, la hicimos con una gran esperanza de cambiar la situación en favor de los más pobres y débiles. Todas las calles estaban llenas de barricadas, desde donde se hacía frente al ejército de Somoza armado hasta los dientes. Pero el ímpetu popular y las ansias de liberación hicieron posible la victoria revolucionaria.

-Tuvieron un bombazo, ¿no?

-Sí. Cayó una bomba de la aviación de Somoza en uno de nuestros templos, matando a 9 personas y causando 100 heridos.

-Dice en el libro que usted también vivió «con eufórica esperanza» la revolución sandinista.

-Al comienzo y como la mayoría de los nicaragüenses, viví la revolución con gran ilusión. Se hicieron cosas admirables, como la alfabetización: eran analfabetos el 50% y se redujo al 10%. Por desgracia, la mística revolucionaria duró poco. La dictadura de Somoza acabó siendo sustituida por la dictadura del proletariado.

-¿A qué achaca este fenómeno? -A las dificultades de la sociedad para conseguir el equilibrio entre justicia y libertad. La revolución sandinista, en su afán de conseguir justicia para todos, acabó ahogando la libertad. Y se cumplió el adagio popular de que «el poder corrompe». Campesinos que habían apoyado al Frente Sandinista empuñaron nuevamente las armas. De ahí nació la «contra», apoyada por el Gobierno norteamericano.

-¿Cómo vivió usted todo esto?

-Con gran tristeza veíamos cómo la revolución se encaminaba a la dictadura y cómo los logros que esperábamos se alejaban cada día en el horizonte. Por eso fui crítico con el sandinismo y acabé sufriendo incluso un atentado.

-¿No pensó: cómo puede permitir Dios tanto dolor?

-No es Dios el culpable del sufrimiento de los inocentes, sino nosotros. Él nos ha dicho qué debemos hacer para evitar la guerra, la violencia y la injusticia, pero nuestro egoísmo es mayor.

-El sandinismo tampoco logró erradicar la pobreza.

-No. En parte porque el sistema socialista inspirado en el marxismo-leninismo reduce la productividad. Todo es de todos y al final no es de nadie, falta disciplina laboral. Por ejemplo, las empresas eran APP, «Áreas Propiedad del Pueblo». Irónicamente el mismo pueblo las llamaba «Autorizadas Para Perder».

«Ahora la misión está aquí, nuestra sociedad va perdiendo el sentido religioso»

Diario de Navarra

-¿Qué pasó finalmente?

-El pueblo acabó dando la espalda al sandinismo y en las primeras elecciones libres, en 1990, ganó la lista de Violeta Chamorro. Pero ésta cometió el error de permitir que los sandinistas siguieran al mando del ejército y la policía. Hubo asonadas que pusieron de nuevo el país patas arriba, impidiendo la llegada de capital que reactivara la economía.

-¿Cuál es la situación actual?

-Ningún gobierno ha logrado el apoyo popular masivo que haga posible que Nicaragua se enrumbe hacia el progreso. Tiene mucha culpa la corrupción de los sucesivos gobiernos. Hay un desempleo del 60% y sueldos miserables. La gente está desilusionada y cansada y ha perdido la confianza incluso en la misma democracia.

-¿Por qué volvió a Navarra?

-Cuando yo llegué a Nicaragua la mayoría del clero era extranjero; ahora es joven y nacional. Otra razón es que ahora la misión podemos considerar que la tenemos aquí, porque nuestra sociedad va perdiendo cada día el sentido religioso de la vida.

- Entre 1999 y 2002 usted fue párroco de Berriozar en tiempos difíciles.

-Sí, no fue fácil. El asesinato de Casanova polarizó a la sociedad de Berriozar, si es que no estaba ya dividida. Con un cadáver sobre la mesa, a las cosas hay que llamarlas por su nombre y esto, al parecer, no gustó a algunos.

-¿Por qué el libro?

-Además de mi afición a escribir y el deseo de reflejar mi experiencia misionera, quería contar un poco lo ocurrido en Nicaragua para que la historia, los errores del pasado, no vuelvan a repetirse.

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Tags: domingo, urtasun

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Manuel Ortin

Manuel Ortin dijo

Hola, solo soy un camionero desde el año 1973 tengo la misma edad que Domingo Urtasun párroco de Mendavia mi solidaridad y mi afecto por su postura y ojala pronto no tengamos que hablar mas de terrorismo en este país ni en ningún otro.
Un Saludo de un Valenciano.

M.Ortin

14 Octubre 2007 | 09:07 PM

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